Violencias de género en un mundo digital

Captura de pantalla 2013-11-25 17.14.53La conexión permanente a un móvil y una aplicación como Whatsapp ha convertido la intimidad en capricho, en un mundo online en el que ya no se considera “no molestar” a alguien de madrugada, esperar una llamada para comunicarnos, o simplemente tener paciencia y aceptar que la otra persona quizá no puede, o no quiere, responder al momento. No es exagerado afirmar que vivimos la inmediatez en las redes sociales acompañando al resto de personas que se sumergen en lecturas cabeza abajo fijadas en un aparato móvil, pero también cuando estamos en compañía y subimos una foto al instante para que el resto del mundo lo sepa.

La violencia de género en la pareja, máxima expresión de la desigualdad y el sexismo imperante en nuestra sociedad, es una de las primeras que está transformándose y adaptándose a estas conexiones permanentes. Así, la posibilidad de conocer todo lo que la pareja comparte en las redes, las amistades que tiene o los comentarios que hace a otras personas no sólo facilita el llamado cibercontrol. También favorece la reproducción de celos que llevados al exceso son provocadores de resultados fatales.

La reproducción de celos llevados al exceso provoca resultados fatales

Por qué comentabas la foto de tu ex; no me gusta que estés añadiendo constantemente a otros chicos; no necesitas a nadie más que a mi; si no tienes nada que ocultar, dame tu contraseña… Chantajes, celos, control o humillaciones en el muro para que todas las amistades se enteren forman parte de las manifestaciones de estas formas virtuales de la violencia, junto con los conflictos que pueden generar dos elementos: la información de que se ha recibido o leído un mensaje y la última hora de conexión. En una sociedad que fomenta las relaciones afectivas de posesividad, dependencia y fusión, en ocasiones las independencias y los espacios propios de cada cual no son bien entendidos. Pero a la vez, existen diferencias de género en la apreciación de estas necesidades de espacios propios.

Una investigación realizada en 2009 y 2011 con más de 1.000 jóvenes demostraba una diferencia en la percepción del control por parte de las chicas y los chicos. Mientras el 73% de ellos percibían el control como una forma de violencia psicológica, tan sólo el 37,3% de ellas lo hacían así. El resto, justificaban el control de sus parejas fundamentado en el amor.

No hemos de olvidar que el amor, en una sociedad patriarcal como la que vivimos, se erige como el objetivo central a conseguir en la vida de las mujeres. La necesidad de conseguir el príncipe azul se va insertando en nuestros microchips desde que somos niñas a través de los mensajes transmitidos por los cuentos, las películas, las series de televisión, las revistas; donde se identifica el éxito de las mujeres en la belleza y la consecución del amor, y la soledad femenina con el fracaso (¿quién no conoce el mito de la solterona de los gatos?). Al mismo tiempo, la transmisión de mensajes peliculeros en los que la pasión y las relaciones conflictivas se relacionan con el amor a conseguir fomentan la edulcoración de la violencia con el amor. Todo sacrificio es poco, por amor se debería hacer cualquier cosa. Poco transmitimos sobre el buen trato.

La necesidad de conseguir el príncipe azul se va insertando en nuestros microchips desde que somos niñas

Pero ahora viene la pregunta del millón. ¿Qué hacemos cuando recibimos un vídeo o una fotografía erótica de una chica enviada por su ex para humillarla? ¿La compartimos para que siga rulando… o la cortamos? La violencia de género no sólo tiene elementos sociales que la fomentan, también tenemos mucho que hacer para acabar con ella.

 

Ianire Estébanez @ianireestebanez
Psicòloga bloguera i ciberactivista
http://minoviomecontrola.com/

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